El juego es la vía principal de expresión, aprendizaje y crecimiento psico-emocional de los niños. A diferencia de los adultos, los niños no suelen expresar sus vivencias y emociones a través de las palabras, sino que lo hacen a través del juego. Un niño que juega refleja ser un individuo sano, espontáneo y libre; ya que al jugar el niño experimenta la sensación de “estar vivo” y despliega sus creaciones y fantasías.
¿Por qué juegan los niños?
Los niños juegan porque obtienen placer y alegría, al jugar ellos gozan física y emocionalmente. El juego les permite a los niños expresar su agresión y controlar la ansiedad, aquellos sentimientos y sensaciones que no pueden ser verbalizados son expresados y puestos a elaborar mediante el acto lúdico.
Cuando los niños juegan, intercambian vivencias y construyen vínculos con el otro (sea con sus pares o con el adulto) desarrollando de este modo el aspecto social.
La función terapéutica del juego
En el ámbito de la psicoterapia el uso de juegos (reglados) y juguetes (simbólicos) le permite al profesional evaluar las defensas, ansiedades, recursos yoicos y niveles de tolerancia a la frustración de cada niño. Y es mediante estas herramientas lúdicas que se va abordando y elaborando los conflictos intrapsíquicos del niño de la misma forma que se trabaja con los adultos a través de la función de las palabras.
¿Todos los niños juegan?
Sin embargo, el juego no es una capacidad que se da naturalmente ni espontáneamente en los niños sino que se trata de una potencialidad que necesita ser desarrollada.
No toda manipulación de juguetes es considerado juego, algunos niños no tienen dicha habilidad desarrollada o la misma se encuentra inhibida.
El “jugar” propiamente dicho implica la capacidad de ser creativo, de incluir las fantasías, los deseos, y de ver las cosas de un modo nuevo una y otra vez.
Un niño que juega es un niño feliz y libre, que experimenta el mundo creativamente al pintarlo con la magia de los propios colores.
Lic. Peichi Su